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El Arte de Observar

4 sept
2 min de lectura

Por Luis Portal - Director de Arte y Diseño


Porque diseñar también es aprender a ver lo que otros pasan por alto.


Hay una diferencia entre ver y observar.


Ver sucede casi de manera automática. Observar, en cambio, requiere detenerse, prestar atención, cuestionar y descubrir esos pequeños detalles que muchas veces pasan desapercibidos.


Para algunos, esa atención al detalle puede parecer obsesiva. Los diseñadores incluso bromeamos sobre ese “pixel” que movemos, corregimos y volvemos a revisar aunque probablemente nadie más llegue a notarlo. Pero para mí, precisamente ahí está lo más importante: observar, cuidar y entender que los detalles definen un buen resultado.


Cuando comencé con el diseño y publicidad, encontraba inspiración en marcas globales y en campañas visuales que me parecían espectaculares, siempre me preguntaba: ¿cómo lograron hacer eso?


Siempre me llamó la atención lo visual, especialmente los montajes y la edición de fotografía comercial. Quería entender cómo se integraban las imágenes, cómo funcionaba la iluminación, dónde aparecían las sombras, por qué ciertos colores convivían mejor que otros y qué hacía que una composición se sintiera real, equilibrada y que conectarán con las personas.


Quienes comenzamos a diseñar a inicios de los 2010 sabemos lo complejo que podía ser construir una imagen así. Sin inteligencia artificial y con procesos mucho más manuales, lograr una composición final detallada podía tomar hasta días de trabajo. Y muchas veces ese montaje que preparábamos para presentar una idea terminaba siendo también la pieza final de la campaña.

Era un proceso exigente, pero también fue una gran escuela.


Me enseñó a valorar el trabajo detrás de una imagen, a desarrollar criterio y, especialmente, a afinar el ojo.


Con el tiempo entendí que esa capacidad no se desarrolla únicamente frente a una pantalla. También se aprende observando la vida.


Deteniéndote a descubrir cuántos tonos existen dentro de un mismo color. Mirando cómo cambia un objeto dependiendo de dónde viene la luz. Entendiendo cómo funcionan las sombras, los contrastes, las texturas, las proporciones y las composiciones que están presentes constantemente a nuestro alrededor.


En la naturaleza, en la arquitectura, en las calles, en lo cotidiano o hasta en la ropa que usamos.


Hoy las herramientas han cambiado y seguramente seguirán cambiando. Los procesos son más rápidos, las posibilidades son mayores y siempre habrá algo nuevo que aprender.


Pero hay algo que sigue siendo profundamente humano: el criterio con el que decidimos qué mirar, qué elegir y qué transformar.


Hoy en día, continuo aplicando lo aprendido con las marcas que actualmente trabajo, nunca olvidando el mantener los ojos abiertos, no solo para ver, sino para observar.


Y eso me hace seguir creyendo que el arte de observar la vida le da sentido a lo que hago.

 
 
 

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